Todavía nadie me lleva a bailar raspacanillas

No tengo ni una certeza.
Y pensé que a estas alturas
ya tendría muy pocas dudas
y pisaría con firmeza.
Creí que, al fin, mi cabeza
besaría a la sensatez
y sellaría mi adultez
con oficios más comunes,
madrugando cada lunes
y durmiéndome a las diez.

Creí en finales felices,
en mujeres que no existen,
en virtudes que persisten,
en amor de meretrices,
en vidas automotrices;
creí en llegadas puntuales,
en adultos anormales,
en economía estable,
en el domingo bailable,
en promesas conyugales.

Creí en lo que me contaron,
en esa historia de vida,
seguí muy fiel, la movida,
hablé de lo que me hablaron,
soñé lo que aconsejaron.
Ese camino que anduve,
con esas cosas que tuve
fue un afán desesperado
para lograr lo esperado
Y de mis sueños me abstuve.

Siempre quiero celebrar
moviendo bien las rodillas,
bailando raspacanillas,
gritando para brindar.
Nadie me llevó a bailar
al beat del Indio Pastor
para ponerle sabor
al día de mi cumpleaños,
sigo subiendo peldaños,
ya hasta me dicen señor.