Errare humanum est

Quise subir al cielo anclado a la tierra,
quise volar atado a tu nimiedad.
Quise poner colchones en la guantera
para tener consuelo en tu eternidad.

Cambié las horas de angustias crueles
por segundos repletos de inspiración,
hice poesía gráfica para carteles
que nade leyó por indisposición.

Todas las caídas fueron propicias
y así mismo otras veces caeré.
Me levanté a dar la cara ante las injusticias
y cuando sea necesario la daré.

No me escondo, ya sé que he fallado,
no me excuso, ni pretendo redención.
En peores situaciones me he encontrado
y siempre me corono campeón.

Porque no gana quien nunca se equivoca,
gana quien agradece cada lección.
El que aprende de todo lo que le toca,
el que se levanta y no deja de seguir su corazón.

Gana el que entiende que la constante es el cambio,
el que sabe que recibe lo que da.
Gana el que sabe que se empieza a construir pensando,
el que sueña hacia adelante y no hacia atrás.


Foto de Joshua Ness en Unsplash

 

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Los que no podemos dormir de noche

Las estrellas de su espalda,
de sus senos y mejillas;
la séptima maravilla
de su infinita magia.

El universo en su piel,
la eternidad en sus palabras,
la gloria en su entrepierna,
la lluvia en sus bragas.

Somos todo sin ser nada.

Me sorprende con
su forma de romper paradigmas,
de evadir costumbres,
de engañar a la rutina.

Su compañía ligera,
su soltura en el espacio,
su lealtad sin compromiso,
su acelerar despacio.

Sí, pero no.

Sí nos acompañamos
porque no sabemos a dónde vamos.
Ni cómo llegamos.
Ni si estaremos juntos o nos separamos.

“Los que no podemos dormir de noche
siempre vamos de a dos por la vida,
cruzando la vereda mojada
sin una ruta definitiva”.

Foto de HelpStay.com en Unsplash
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Fuimos – Seremos

Te vi y te supe.
Eres parte de mí.

Tus ojos nuevos me son tan familiares
y esa sonrisa es como estar en casa.

No somos, pero fuimos y seremos.
Porque por estos días me sonríe el universo
y pone a mi merced la luz
a la que durante tanto tiempo le di la espalda.

Y la magia entra en mis pupilas.
Es tu brillo en mi rostro
llenando el alma de certezas
y aunque no crea mi cabeza
ya jamás me contamina.

Cerré mi fábrica de dudas,
y mi depósito de miedos.
Abrí los ojos a tiempo
para ver como te escudas.

Para ver las letras mudas
y tratar de hacerme el duro.
Para ver cómo te ayudo
a que sueltes ese escudo.

Te conozco de otro mundo,
de otra vida, de otro tiempo,
de otro aire, de otro cuerpo,
de otro cielo, de otro templo.

Y acá nos reencontramos,
nos reencontraremos.
No es el destino.
Es energía.
Vibramos igual.

Y acá estamos soñándonos eternamente
ignorando que fuimos, ignorando que seremos.

 

 

Foto de Heather Shevlin en Unsplash

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Amarillo

El deterioro del cuerpo,
el cansancio, los dolores.

La limpieza cósmica depurando todo.
Sale lo malo, se desecha lo que no sirve.

Dormir, rendirse,
dejar que la energía circule.
Despertar, cerrar la boca,
ver el amor de cerca, sentirlo.

Amarillo, el cuerpo en reposo,
la cama se hace más chica.
No estás solo,
nadie está lejos.

Vuelves a cuestionar la existencia del tiempo.

Las horas parecen días y los días horas,
te pierdes y te encuentras,
te desesperas y esperas,
entiendes, olvidas, te calmas,
extrañas, sueñas, recuerdas.

No hay mucho que hacer cuando estás dentro de este agujero negro que llaman hepatitis.

 

Foto de Hans M en Unsplash
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Maestro dolor, maestro vacío, maestro extavío

Vomité algunos versos,
perdón por la crueldad
pero mi oscuridad
se expandió por estos lienzos.

Y aunque me hizo daño
saber que te dañé
yo ya me perdoné
y a ti también.

Ya no tiene remedio,
ya lo hecho hecho está
y nada se resolverá
aunque me convierta
en un ser humano promedio.

El dolor me hizo sacar mi mal
y enfrentarme conmigo mismo
totalmente vacío,
envuelto en oscuridad y frío.

Ahora estoy más cerca del camino,
ahora tengo paz y más consciencia.
Sé que el tiempo no existe
y me armé de paciencia.

Quisiera reparar el mal que te hice,
pero no tiene reparo.
Además, tu misma te hiciste el mayor daño.
Y hoy solo te queda aprender de el,
de ti.

El dolor puede ser un gran maestro
y el vacío una gran oportunidad para aprender.

Yo espero que te encuentres,
que puedas ser feliz.

Que puedas ser consciente.

Foto de Gleren Meneghin en Unsplash

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Palabras más, palabras menos (para nuestras crisis comunes)

Desprenderse,
¿De qué?
¡Si no tienes nada!

Desapegarse
¿De quién?
¡Si no tienes a nadie!

Solo debes soltar esa creencia
de que algo o alguien te pertenece.
Aprender a manejar la incertidumbre
y abrirte a la transformación permanente
porque la única constante es el cambio.

Debes  entender que no controlas NADA de lo que pasa,
lo único que controlas es tu forma de reaccionar a eso que pasa.

Nada está seguro, por más que lo creas y lo sientas.
Suelta las expectativas y vive en agradecimiento.
Deja de medir desde el ego.
¡Deja de medir!
Comienza a sentir.
Incluso, deja de pensar y solo siente.
Suelta, suéltate, libera tu mente de todo lo que le pusieron.
Saca la basura, limpia la casa.

Llora, putea, grita, ríe, manda todo a la mierda, pide perdón, perdónate.

Solo debes desaprender todo lo que aprendiste,
soltar todas las creencias que te limitan.
La existencia va más allá de ese check list que nos dieron a todos.

Cuando alimentamos el ego nos volvemos invisibles.
Cuando medimos perdemos la verdadera noción de las cosas
y alejamos las respuestas (si es que existen).

Inventamos valores de medición para tratar de explicar lo que no entendemos con parámetros absurdos.
Inventamos excusas socialmente aceptables para tomar la vía fácil y sustituimos la felicidad con satisfacción instantánea, pero nos olvidamos de lo eterno, nos alejamos del centro.

Duda de todo y prueba de todo.
Aprovecha este momento de tu vida para nutrirte.
Suelta el ego, suéltate y siente.

“Puede ser que de una buena vez puedas ver más dimensiones que las tres con las que siempre estás midiendo todo”

 

Foto de David Lázaro en Unsplash

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Eternos

Todos los que estamos perdidos,
y que buscamos respuestas,
abandonamos las certezas
para encontrar nuevas formas.

No sabemos a donde vamos,
sí  a donde queremos ir
pero nos dejamos confundir
y así es como exploramos.

Dudamos de todo,
extrañamos y soñamos.
Avanzamos sin sentirlo
y nos damos cuenta cuando volteamos.

Se va la angustia cuando entendemos
que la paz no se encuentra, se fabrica.
Que la estabilidad es una mentira
y que compramos humo creyendo que era felicidad.

Llegarán nuevas realidades
que van a desafiar todo lo que conocemos,
que nos harán sentir como nuevos
y como ignorantes totales.

Inexpertos, aprendices, enamorados.

Algunos perdidos seguimos soñando
y aunque no lo vea
el calculador cerebro cuadrado
estamos en el camino correcto.

Jamás hemos perdido el tiempo,
lo invertimos de forma diferente.
Construimos con palabras puentes,
con sonidos caminerías y con imágenes templos.

Somos el alimento de las advertencias,
de las historias increíbles.
Somos, ciertamente, indestructibles
sin que lo dicte la ciencia.

Eternos,
siempre estaremos
gracias a esa magia
de la que estamos hechos.

Foto de Daniel von Appen en Unsplash

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Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos

No he podido olvidar ese frío verano en Montevideo,
esa luna de miel prematura sin ceremonia que la preceda.
Esa antesala hermosa a la ciudad de la furia.

Tal vez no he querido olvidar.

Aunque me desconozco,
no sé quién fui.
Puede que tampoco sepa quien soy,
pero el de entonces era otro.

Tu también eras otra…
Y esos otros sí que podían estar juntos.
Estos, los que somos ahora,
no duraban ni un día.

Aunque, pensándolo bien,
aquellos tampoco duraban ni un día…
Y sin embargo pasaron el año
y los años y todo el daño.

Ahora todo es tan extraño.

Fuiste lo mejor de mi vida pasada,
lo peor de mi eterna muerte anterior
y la calma después de la tempestad
de mi penúltima resurrección.

“Fuiste en Madrid Hortaleza
y en Buenos Aires princesa,
reina de mi corazón.

Fuiste la luz de mi vida
y mi musa preferida
que ya no puede inspirar
ni un tango, ni una ranchera,
ni un solo verso siquiera.”

Foto de Carmen Peñaranda en Unsplash

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Tal vez mi versión sea igual a la tuya

Vi la luz estrellarse en tus ojos,
vi una explosión en tu vientre.
Acampé en tu pecho
la noche antes de mi huida.

Me perdí entre tus piernas,
me aprendí tu piel,
encontré en tus manos
una razón para recomenzar.

Respiré tu cabello sacándote de la ciudad.

Sembré vida en tu boca,
en tus senos, en tus mejillas,
en tu espalda, en tus manos
y en todos tus túneles mágicos.

No me importó perder la vida en tu ausencia

porque sé darle batalla a la contrariedad…
Que extraño que ahora, tan lejos,
seas la única que me entienda.

Puedo hablarte de quien fui, de quien soy,
de quienes fuimos, de quienes somos.
De quien eres…
Pero nunca de quien fuiste.


Foto de Calvin Hanson en Unsplash
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Fantasmas internos de final de la noche

El cielo hereda mis penas
y las devuelve en tormenta,
como se ha vuelto de lenta
la sangre que va en mis venas,
hay futuro con cadenas,
los pasos son más pesados,
me enredo en sueños prestados
me escondo para cantar,
no hablo pa no llorar
y me muevo a los costados.

Ya no sueño ni dormido,
ya no duermo ni soñando.
La vida sigue pasando
y  todavía no olvido.
Yo nunca me había ido
pero no supe volver.
trataré de desentender
lo que entendí al comenzar.
No volveré a despertar
antes del amanecer.

 

Foto de Braden Collum en Unsplash

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