Enmudecer

Palabras ajenas
Angustia inmoral
Crisis anunciada
Soledad.

Agobio
          bostezo
Delirio de franqueza
Ausencia de esperanza.

Vacío voluntario
Frío sublime
Nostalgia abrumadora
Derrota inoportuna

Cansancio del cuerpo
Decepción universal
Ausencia del alma
Desgarro espiritual.

Versos invisibles
Melodías insonoras
Carencias
Derroches

Tristeza insondable 
Nostalgia sinuosa
Esperanza oportuna
Redención inmerecida.

Enmudecer después del último intento,
luchar hasta perder,
levantarse…
Aún sin poder.

Foto de Milica Spasojevic

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Palabras más, palabras menos

No tengo nada que decir,
pero quiero decir tanto.
Hace mucho que olvidé
lo que ahora no me aguanto.

Estoy solo porque quiero
y no porque me ha tocado,
no dispongas de mis miedos,
no me creas eliminado.

No soy lo que crees que soy,
no seré quien quieres que sea.
Soy tu espejo solo por hoy,
mañana no sé si te vea.

No soy fugaz, ni para siempre,
no soy el pecho de piedra.
Dejo todo por tenerte,
pero no te tengo cerca.

No juego a las escondidas,
ni al gato y al ratón,
pero si quieres jugar fútbol
te daré mi corazón.

“Luna de miel, luna de papel,
luna llena, piel canela dame noches de placer.
A veces estoy mal, a veces estoy bien.
Te daré mi corazón para que juegues con el”

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Multidimensionales

Leerte imaginando que te escucho,
escucharte imaginando que te veo,
que te miro a los ojos…

A esos ojos rojos, transparentes,
delirantes, intermitentes,
sinceros, urgentes.

Enmarcados en un mar de pecas
como soles en galaxias de miles de millones de estrellas.
(Suponiendo que ignoramos lo que realmente son las estrellas)

Como si no existiera la distancia,
como si no existiera el compromiso,
como si no existiera la crisis,
el trauma y el miedo que congela,

como si no existiera el vidrio iluminado
que nos ha servido como puente temporal
y teletransportador
que quisiera hacer interdimensional…

Porque en otra dimensión fuimos uno,
porque en otra dimensión triunfamos
y volvimos a fracasar.

En otra nos ensuciamos sin consecuencias devastadoras
y volamos a la eternidad.

En otra nos acompañamos para siempre.

En otra no nos cruzamos,
pero reconocemos el vacío de no saber que existimos.

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Rotos

Seguimos,
en una inercia absurda que nos hace movernos,
no sabemos hacia dónde,
pero nos movemos.

Nosotros,
los de la nostalgia perpetua
y el ancla en el pasado,
en la bendición más dulce.

Aprendemos
a vivir con un vacío anormal,
con una desesperanza cotidiana,
con un duelo eterno.

Parece que nunca
terminaremos de despedirnos,
parece que nada fue suficiente,
sobre todo el tiempo.

No entendemos de la vida
a pesar de que la vivimos.
Mucho menos entendemos 
de la muerte.

Extrañar
como religión.

Rotos,
rearmándonos
con costuras de niebla.

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Instrucciones

No te burles del fantasma,
la tristeza, el desamparo.
No te pierdas el presente,
no juzgues tu pasado.

No tientes a la suerte,
no insistas, no abandones,
no te duermas, no despiertes,
no enloquezcas, no razones.

Olvida, recuerda,
no revivas, no te mueras.
Lucha, ríndete, vuela, camina,
quédate, lárgate, desaparece.

No eres nada, no eres nadie,
no existes, no viviste,
te olvidaste, te olvidaron
te borraste, te borraron.

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Ansiedad

Explotó la angustia
y el miedo arde.
Me cuido del mundo,
me siento cobarde.

Desespera el aire,
el calor sofocante,
el humo tóxico,
el ambiente hostil.

Todo juega en contra
mientras se ahoga el grito
en el dolor visceral
intransigente.

Vomitaré mi corazón en cualquier momento,
no puedo seguir de pie.
El aire se hizo escaso, se acabó.
Se derrumba el mundo a mi alrededor.

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Causa y solución

El tiempo es escaso,
urge un nuevo rumbo.
El sendero se acorta
y nos hacemos los ciegos.

Consumimos la eternidad
en un instante.
Crueles y egoístas,
ansiosos y vulnerables.

Desnudamos el suelo
y quemamos el cielo.

Todos somos cómplices,
culpables,
responsables,
la causa y la solución.

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El tren / Todo pasará

El tren se va y te lleva, está lleno de vagones donde cada acertijo has de superar hasta encontrar el camino a casa.
Te puede llevar a todos lados, a un holocausto sin salida, o a tu plena y aleatoria salvación.

Tal vez es suerte,
tal vez es una buena alma obrando sin buscar nada a cambio, que salva a una vida, que salva al mundo entero.

Niños escondidos, trabajadores despedidos
Cenizas en el cielo y la vida en un minuto se va,
pero un minuto de vida sigue siendo vida.

Todo pasa, hasta el dolor más grande que hay
Todo pasa, hasta lo que no te puedas imaginar
Todo pasa, la vida larga o temporal.
El éxito más grande, la tragedia más inimaginable
En esta vida nada es para siempre, y menos el dolor
Algunas cosas permanecen, pero cambiando están.
Todo pasará.

Rosa Esber

Instaram: @RosaEsber

Foto de: @ezeoa

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Estos días nuevos

Poetas mendigos,
letristas anónimos,
crueldad desbordada,
olvidos selectivos.

Palabra siniestra,
premeditación,
alevosía, culpa,
indultos oportunos.

Secuestros razonables,
ansiedad matutina,
melancolía vespertina,
resignación nocturna.

Ego malherido,
sueños maltrechos,
soledad instalada,
el agua hasta el cuello.

Proyectos lejanos,
crisis mundial,
crisis humanitaria,
crisis de la mediana edad.

Noches en vela,
talento sobrestimado,
ausencia de fe,
valor subestimado.

Incendio en la cabeza,
inundación en las mejillas,
cristal en las pupilas,
hielo en el corazón.

Tácita desolación,
quiebre inoportuno,
frustración de desayuno,
miedos al por mayor.


Ausencia.

Abrazos lejanos,
fiestas virtuales
llamadas grupales
consuelo de papel.

Fracaso.

Suicidio.

Renacimiento.

Hola mundo cruel.

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Mírate frente al espejo

Una tarde del fin de semana estaba en mi apartamento como cualquier otro, sentado en el sofá frente a la gran pantalla cambiando canales cada tres segundos, durante ésta tarea el timbre sonó. No esperaba visitas. Me pregunté quién sería, podría ser algún paquete que debía recibir pero era domingo cosa que no era posible. Me levanté con pesadez del sofá, arrastré mis pasos hasta la puerta. Otra tonada hizo eco en mi sala. Tomé la perilla para abrir confiadamente y me detuve. Preferí asomarme por el visor: no había nadie, creí que había recreado el sonido o se habían equivocado de puerta, así que me di vuelta para continuar con mi ociosa tarea, un paso más allá el timbre volvió a sonar. Me apresuré al visor y nada de nuevo. Por un momento supuse que eran los niños del piso de abajo, se la pasaban molestando a algunos de los vecinos; la queja se había anunciado en las reuniones quincenales aunque a pocos les importó, en especial a los padres de esos inquietos.

Esperé unos segundos junto a la puerta por si presionaban de nuevo el timbre. Nada pasó, así que de un momento a otro abrí la puerta para darles una reprimenda; la furia que había en mí mirada solo fue observada por el vacío. Miré el pasillo de lado a lado, una extraña brisa fría se coló a mi sala, alguna ventana del piso debió estar abierta. Cerré de un portazo con obstinación. Caminé de nuevo al sofá y me senté, tomé el control y noté que el televisor estaba apagado, éste inmediatamente hizo de espejo panorámico, haciéndome ver todo lo que me rodeaba. Tanteé el control remoto buscando el botón de encendido, en ese momento un escalofrío intenso comenzó a correr por mi piel, lo que me hizo soltar el control y sacudí la mano. No supe qué era solo sentí una sensación extraña.

Mi vista se centró, a través del espejo negro, en algo que comenzó a materializarse a mi lado, así nada más, apareció una mancha de algo: un niño como de cinco años, cabello castaño, camiseta gris y short azul, miraba al igual que yo el televisor. Mi reacción inmediata fue mirar a mi lado, no había nadie. Volví la vista al frente y tampoco había nada. Un fuerte pálpito anunció nervios en mi cuerpo junto a un hormigueo que en el cuello que se detuvo cuando froté mi mano en la zona. De pronto el televisor se encendió solo y apareció la transmisión de una serie animada que era mi favorita de niño. Estuve petrificado mirando la pantalla por pocos segundos, luego me levanté con lentitud, avancé dando pasos largos hacia la puerta, intenté abrirla pero no cedía a pesar de no tener ningún seguro puesto, parecía atascada. En el ambiente se percibía algo raro, como la presencia de alguien. Cerré los ojos y respiré profundamente, los abrí y todo parecía como debía ser: normal, me convencí. Volví al sofá y ante mi vista el televisor se apagó solo. Definitivamente no supe qué hacer. Tuve ganas de salir corriendo de aquel edificio y también quedarme ahí sin hacer nada, lo que fuera que hiciera no cambiaría mi destino de aquel día. Así que me quedé mirando la negrura de la pantalla esperando que cualquier cosa pasara.

La infantil figura volvió a formarse a mi lado, extendió su pequeña mano y la posó sobre mi rodilla. No supe qué se suponía debía hacer. Una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo y se arraigó un deseo paterno de tomar su mano. Así que extendí la mía cerca de donde calculé estaba la de él y la tomó. Sentí piel fría, como si tocara el hielo del refrigerador, otra corriente corporal y luego un calor fugaz. Mi reflejo comenzó a desaparecer del espejo negro. Hasta que no me vi más.

Desde ese día se cuenta nuestra historia, que en el apartamento D-5 se oyen risas que provienen de la nada y en el resto del edificio los televisores se encienden solos a cualquier hora, en especial a media noche, escuchan pasos ligeros junto a unos más pesados y sobre todo, que cuando apagas el televisor antes de dormir, nos ves a nosotros tras de ti esperando que tomes nuestras manos y podamos desaparecer juntos.

Jorge Suárez

Instagram: @jorsua14

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