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Causa y solución

El tiempo es escaso,
urge un nuevo rumbo.
El sendero se acorta
y nos hacemos los ciegos.

Consumimos la eternidad
en un instante.
Crueles y egoístas,
ansiosos y vulnerables.

Desnudamos el suelo
y quemamos el cielo.

Todos somos cómplices,
culpables,
responsables,
la causa y la solución.

El tren / Todo pasará

El tren se va y te lleva, está lleno de vagones donde cada acertijo has de superar hasta encontrar el camino a casa.
Te puede llevar a todos lados, a un holocausto sin salida, o a tu plena y aleatoria salvación.

Tal vez es suerte,
tal vez es una buena alma obrando sin buscar nada a cambio, que salva a una vida, que salva al mundo entero.

Niños escondidos, trabajadores despedidos
Cenizas en el cielo y la vida en un minuto se va,
pero un minuto de vida sigue siendo vida.

Todo pasa, hasta el dolor más grande que hay
Todo pasa, hasta lo que no te puedas imaginar
Todo pasa, la vida larga o temporal.
El éxito más grande, la tragedia más inimaginable
En esta vida nada es para siempre, y menos el dolor
Algunas cosas permanecen, pero cambiando están.
Todo pasará.

Rosa Esber

Instaram: @RosaEsber

Foto de: @ezeoa

Estos días nuevos

Poetas mendigos,
letristas anónimos,
crueldad desbordada,
olvidos selectivos.

Palabra siniestra,
premeditación,
alevosía, culpa,
indultos oportunos.

Secuestros razonables,
ansiedad matutina,
melancolía vespertina,
resignación nocturna.

Ego malherido,
sueños maltrechos,
soledad instalada,
el agua hasta el cuello.

Proyectos lejanos,
crisis mundial,
crisis humanitaria,
crisis de la mediana edad.

Noches en vela,
talento sobrestimado,
ausencia de fe,
valor subestimado.

Incendio en la cabeza,
inundación en las mejillas,
cristal en las pupilas,
hielo en el corazón.

Tácita desolación,
quiebre inoportuno,
frustración de desayuno,
miedos al por mayor.


Ausencia.

Abrazos lejanos,
fiestas virtuales
llamadas grupales
consuelo de papel.

Fracaso.

Suicidio.

Renacimiento.

Hola mundo cruel.

Mírate frente al espejo

Una tarde del fin de semana estaba en mi apartamento como cualquier otro, sentado en el sofá frente a la gran pantalla cambiando canales cada tres segundos, durante ésta tarea el timbre sonó. No esperaba visitas. Me pregunté quién sería, podría ser algún paquete que debía recibir pero era domingo cosa que no era posible. Me levanté con pesadez del sofá, arrastré mis pasos hasta la puerta. Otra tonada hizo eco en mi sala. Tomé la perilla para abrir confiadamente y me detuve. Preferí asomarme por el visor: no había nadie, creí que había recreado el sonido o se habían equivocado de puerta, así que me di vuelta para continuar con mi ociosa tarea, un paso más allá el timbre volvió a sonar. Me apresuré al visor y nada de nuevo. Por un momento supuse que eran los niños del piso de abajo, se la pasaban molestando a algunos de los vecinos; la queja se había anunciado en las reuniones quincenales aunque a pocos les importó, en especial a los padres de esos inquietos.

Esperé unos segundos junto a la puerta por si presionaban de nuevo el timbre. Nada pasó, así que de un momento a otro abrí la puerta para darles una reprimenda; la furia que había en mí mirada solo fue observada por el vacío. Miré el pasillo de lado a lado, una extraña brisa fría se coló a mi sala, alguna ventana del piso debió estar abierta. Cerré de un portazo con obstinación. Caminé de nuevo al sofá y me senté, tomé el control y noté que el televisor estaba apagado, éste inmediatamente hizo de espejo panorámico, haciéndome ver todo lo que me rodeaba. Tanteé el control remoto buscando el botón de encendido, en ese momento un escalofrío intenso comenzó a correr por mi piel, lo que me hizo soltar el control y sacudí la mano. No supe qué era solo sentí una sensación extraña.

Mi vista se centró, a través del espejo negro, en algo que comenzó a materializarse a mi lado, así nada más, apareció una mancha de algo: un niño como de cinco años, cabello castaño, camiseta gris y short azul, miraba al igual que yo el televisor. Mi reacción inmediata fue mirar a mi lado, no había nadie. Volví la vista al frente y tampoco había nada. Un fuerte pálpito anunció nervios en mi cuerpo junto a un hormigueo que en el cuello que se detuvo cuando froté mi mano en la zona. De pronto el televisor se encendió solo y apareció la transmisión de una serie animada que era mi favorita de niño. Estuve petrificado mirando la pantalla por pocos segundos, luego me levanté con lentitud, avancé dando pasos largos hacia la puerta, intenté abrirla pero no cedía a pesar de no tener ningún seguro puesto, parecía atascada. En el ambiente se percibía algo raro, como la presencia de alguien. Cerré los ojos y respiré profundamente, los abrí y todo parecía como debía ser: normal, me convencí. Volví al sofá y ante mi vista el televisor se apagó solo. Definitivamente no supe qué hacer. Tuve ganas de salir corriendo de aquel edificio y también quedarme ahí sin hacer nada, lo que fuera que hiciera no cambiaría mi destino de aquel día. Así que me quedé mirando la negrura de la pantalla esperando que cualquier cosa pasara.

La infantil figura volvió a formarse a mi lado, extendió su pequeña mano y la posó sobre mi rodilla. No supe qué se suponía debía hacer. Una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo y se arraigó un deseo paterno de tomar su mano. Así que extendí la mía cerca de donde calculé estaba la de él y la tomó. Sentí piel fría, como si tocara el hielo del refrigerador, otra corriente corporal y luego un calor fugaz. Mi reflejo comenzó a desaparecer del espejo negro. Hasta que no me vi más.

Desde ese día se cuenta nuestra historia, que en el apartamento D-5 se oyen risas que provienen de la nada y en el resto del edificio los televisores se encienden solos a cualquier hora, en especial a media noche, escuchan pasos ligeros junto a unos más pesados y sobre todo, que cuando apagas el televisor antes de dormir, nos ves a nosotros tras de ti esperando que tomes nuestras manos y podamos desaparecer juntos.

Jorge Suárez

Instagram: @jorsua14

Rescate

Se rompía el suelo
con el estruendo de los pasos.
Se caía el cielo,
deslumbraba en el ocaso.

La palabra
como brisa refrescante
para despertarme
de mi letargo.

Si me hablas en esa voz
y me ves en esos ojos
permíteme tenerlos
frente a mi.

Que sean mi sol,
mi melodía.
Mi puente
para llegar a ti.

Que hermosa tu creación,
que hermoso que me encuentres,
que grande es el perdón…
Que ciego soy a veces.

Atracción

Todo, todo en este mundo nos deshace
Nos enseña lo que es bueno y lo que no
Pudimos alcanzar es la atracción
Todos están escondidos en su habitación
Tienen miedo de que pueda aterrizar la realidad
Consumes más y más
Dime si te doy
Todo lo que quieras
Sol de primavera
Haz conmigo lo que quieras
Dime si ya no
Pesa el mundo a tu alrededor
Dime si ya no
Ves al mundo a tu alrededor

Royer Rodríguez

Instagram: @RoyerRodriguezOficial

Nunca Jamás

Soñar ya no se me daba,
seguí abrazando tu ausencia
y extrañando tu presencia,
con mi alma resquebrajada.

Y en un suspiro volé…
Y volando te soltaba.
Volviste a verme volar,
pero tu no tienes alas.

Ahora canto letras nuevas,
mis melodías me impulsan.
La altura ya no me asusta
pues caer no es un problema.

Y no tiene nada malo
rozar el suelo unas veces.
No todo es lo que parece,
no ves mi cuerpo flotando.

Tu y las nubes me traen muy loco,

tu y las nubes me van a matar.

José Alfredo Jiménez

Sapos

Voy contando los sapos aplastados en la vía
desde aquí hasta la feria del centro.
Algunos son grandes, otros más pequeños
(todos mueren en la misma posición).
Mientras espero mi turno para ser atendida
entre berenjenas, ciboulette
morrones verdes, rojos, amarillos
pienso que más allá de estos colores
de los gestos de las señoras gordas
apretando suavemente sus crías vegetales
del tono de voz de las vendedoras
de esta danza para escoger
el tomate más bonito
para alcanzar la papa en un cajón retirado;
más allá
todo es ilusorio.
Luego regreso cargada
ya no cuento los sapos
paso por una casa que lleva tu nombre lunar
donde una mujer cuida esmeradamente el jardín.
Un llanto que no prevengo refresca mis mejillas,
me pregunto si extrañarte
también es ilusorio.
La mujer tiene un aire a ti
tu alma es blanca como los jazmines.

Cristina Gálvez Martos

Instagram: @cristinagalvezmartos

Casualidades de planetas alineados

Choques cósmicos,
galaxias intercostales,
sol y luna en el rostro,
elixires interestelares.

Una maravilla anómala
o que no queremos reconocer.
Desaparición esporádica,
paredes de papel.

Despegues cancelados
con la esperanza de un quizás.
Sueños encapsulados
en el país de Nunca Jamás.

Gravedad aumentada
tras la guerra improvisada
y el desespero por descansar
flotando en el mar de tu mirada.

“Te vi, te vi, te vi…

Yo no buscaba nada y te vi”

Fito Páez

Invierno

Ya a esta altura tus semillas no dan fruto
y se seca el caudal de tu mirada.
A estas horas ya debe estar firmada
la sentencia que nos anuncia: habrá luto.

Increíble que se olvidaron de ti
como todos los mortales del amor.
Yo elegí tenerte cerca por si acaso
pero no puedo aliviarte ese dolor.

Es tan cierto eso de que el tiempo es cruel,
sea lo que sea que el tiempo sea.
Estoy solo y ya no puedo volver
a mirarme como lo que antes era.

Tengo miedo y me llena de frustración
no poder darte unas horas de alegría,
lo siento, no bastó mi compañía,
creo que en vano ofrecí mi corazón.

Porque todo está perdido y nada vale,
la sangre del río no vuelve a sus venas,
solo espero salvarme de la condena,
volverte a ver cuando no importe lo perdido.